Uno de los principales factores a los que se atribuye el aumento de divorcios en personas mayores de 50 es la longevidad: vivimos más tiempo y, con buenas décadas de vida por delante, ya no hay necesidad de resignarse.
“A medida que la gente es más longeva (y la vida nos suelta retos como lo ha sido el covid-19), mucha gente reconoce que quiere que su vida sea satisfactoria y significativa. Lo que quieres en tus cincuenta puede ser (y es probable que sea) muy distinto a lo que querías cuando eras más joven y tenías mucha menos experiencia”, explica a Univision Noticias, Logan Levkoff, sexóloga especialista en relaciones de pareja.
“Ya no creemos que podamos crecer juntos como pareja en esta próxima fase de nuestras vidas”, dijeron los Gates al anunciar a través de las redes sociales su divorcio, decisión a la que llegaron “después de pensarlo mucho y trabajar en nuestra relación”. Bill Gates tiene 65 años y Melinda 56.
“Lo que está impulsando el gray divorce es que la gente está viviendo más tiempo y se siente con más derechos a vivir plenamente. Ya han contribuido a criar a los hijos y quieren un viaje emocional: es su tiempo ahora. Tienen muchas décadas por delante y no quieren seguir siendo infelices”, explica a MarketWatch. Lili Vasileff, presidente de una firma que se especializa en la planificación financiera del divorcio.
¿Eran infelices los Gates? Imposible especular, pero no parecía ser el caso a juzgar por un post de Instagram publicado por Melinda Gates el año pasado donde admitía estar asombrada sobre “cuán repleto puede estar un corazón” y deseaba feliz aniversario “al hombre que me mantiene danzando por la vida”.
Cuando los hijos, como los de los Gates que ya tienen entre 18 y 25 años, llegan a la adultez y termina la intensa etapa de la crianza, muchas parejas se dan cuenta de que, al dejar de compartir esa misión juntos, ya no tienen tantos puntos en común. Otras se replantean sus expectativas de vida.
“Es un momento en que re-evalúan lo que la relación brinda a cada uno como individuo”, dice a la revista Time, John Gottman, autor del libro Los Siete Principios de Hacer que un Matrimonio Funcione.
Hace un año, Bill Gates se retiró de Microsoft para dedicarse por completo a la fundación que lidera junto a Melinda lo que claramente es un proyecto común.
En entrevista con Associated Press en 2019, ella comentó que trabajar juntos mejoró la relación: “Bill y yo somos socios iguales. Hombres y mujeres deben ser iguales en el ámbito laboral. Él tuvo que aprender cómo ser mi igual, y yo aprender a asumir el reto y ser su igual”.
“Coincidimos en valores básicos. Para nuestra boda, los papás de Bill nos regalaron una escultura de dos pájaros que ven al horizonte y todavía la tenemos frente a nuestra casa. Pienso en ella todo el tiempo porque fundamentalmente estamos viendo en la misma dirección”, dijo Melinda en otra oportunidad.
Quizá eso cambió en algún punto. Gottman advierte a la revista Time, que incluso dentro de la fundación, ambos se enfocaron en intereses distintos: él, en cambio climático y salud; ella, en derechos de la mujer.
A los 50, “tienes una buena idea de lo que quieres y una buena idea de lo que es importante para ti en una pareja y aquello con lo que no quieres vivir”, aclara a Univision Noticias, la especialista en relaciones de pareja Logan Levkoff.
Muchas de las parejas mayores de 50 que deciden separarse ya se han divorciado antes. Y una persona que ya se ha divorciado, es más propensa a hacerlo de nuevo, dice a Univision Noticias Wendy Manning, codirectora del Centro Nacional de Familia y Matrimonio de la Bowling Green State University.
No es el caso de los Gates, que solamente se han casado una vez: ambos se conocieron en 1987 durante una cena de Microsoft, donde Melinda trabajó como Gerente de Producto, y comenzaron a salir hasta que llegó un punto en el que “o rompíamos la relación o nos casábamos”. Dieron el sí durante 1994, en Hawái.
En un documental de Netflix, Melinda Gates define a Bill como “divertido y lleno de energía” y cuenta que cuando él la invitó a salir por primera vez, agendando el encuentro para dos semanas más tarde, ella lo rechazó por “no ser lo suficientemente espontáneo para mí”. Una hora después, el magnate la llamó por teléfono para salir esa misma noche y le preguntó: “¿Es esto lo suficientemente espontáneo para ti?”.
Las declaraciones públicas de ambos con respecto al otro siempre han sido positivas y parten del respeto, pero eso no quiere decir que sigan siendo las mismas personas que se enamoraron en 1987.
“La gente con la que nos casamos no son la gente de la que nos divorciamos. La gente cambia”, comentó la abogada Nicole Sodoma durante divorcio de Jeff y MacKenzie Bezos en 2019.
Divorciarse no es buen negocio y para algunas parejas es incluso un “lujo” que no pueden darse, lo que las obliga a permanecer juntas no tanto porque se amen; sino porque separarse podría ser muy costoso o incluso dejarlos en la ruina.
“Un divorcio es uno de los eventos más devastadores y traumáticos en términos financieros que alguien puede atravesar”, explica a MarketWatch, Robin Graine, mediadora de divorcios.
Cuando lo económico deja de ser un factor -como ocurre claramente en el caso de los Gates que amasan una fortuna de miles de millones de dólares sobre la que ya han llegado a un previo acuerdo- hay menos ataduras en ese sentido.
“Aquellos que no tienen presiones financieras tienen menos ataduras en permanecer juntos si llegan a un momento de crisis en el que están menos felices y la dedicación se desvanece. Cuando la gente tiene muchas alternativas, incluyendo las financieras, les será más fácil soltar cuando se hayan distanciado demasiado”, dice a la revista Time Scott Stanley, investigador del Centro para Estudios Maritales y Familiares de la Universidad de Denver.
No hay ningún indicio para pensar que el divorcio de Bill y Melinda Gates se deba a infidelidad, pero es una importante causa de muchos divorcios.
Según un estudio publicado por la Academia Estadounidense de Psicología, la infidelidad es la causa del 20% y 40% de los divorcios y una encuesta realizada por los Institutos Nacionales de la Salud, revela que la gente menor de 30 años y mayor de 70 es menos proclive a divorciarse después del adulterio, en comparación con aquellos en sus 50 y 60.