Hasta su arresto en junio de 2019, Osvaldo Medivil Tamayo, un joven de 22 años, era el líder de este grupo criminal que tenía a Tijuana como su base de operaciones.
Su trabajo consistía en conseguir 'mulas' que movieran grandes cantidades de cocaína, fentanilo, heroína y metanfetamina a través de las garitas de California. Ocultaban la mercancía en compartimentos secretos de sus vehículos, debajo de su ropa y dentro de sus mochilas.
Dividían sus tareas entre operadores de bodegas, reclutadores, coordinadores y transportistas.
Durante la investigación, la DEA decomisó alrededor de 150 kilos de diferentes narcóticos que los miembros de esta célula delictiva trataron de cruzar a Estados Unidos, pero la agencia advierte que una gran cantidad sí llegó a su destino.
Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)
Tratando de minimizar los riesgos de decomisos, Medivil Tamayo y sus cómplices convencieron a varios estudiantes de ciudades cercanas a la frontera con México para que pasaran la droga.
En su acuerdo de culpabilidad, el joven originario de Tijuana aceptó que “específicamente reclutaron alumnos de preparatoria que a diario cruzaban los puertos de entrada de San Diego”.
Los investigadores interceptaron dos fotografías que recibió Medivil Tamayo por una red social. Eran de la identificación de un estudiante de la escuela Chula Vista High School, en la ciudad del mismo nombre, así como de la parte trasera de un auto Toyota gris con placas de California.
Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)
La DEA leía a detalle cada uno de los mensajes que enviaban los miembros de esta organización por Snapchat. Los fiscales dicen que allí vieron una “abrumadora evidencia incriminatoria” de imágenes del tráfico de droga.
Solo en las primeras dos semanas de tener interceptada la cuenta de Snapchat de Medivil Tamayo vieron que este hacía videos para mostrar a sus cómplices la calidad de los narcóticos.
El 12 de marzo de 2019 él mandó fotografías de ladrillos de droga a un usuario llamado ‘Pablito.50’, describe la acusación.
Ese mismo mes, este se comunicó por la misma vía con Alberto Montes, uno de sus reclutadores. Montes le dijo en un mensaje de audio: ¿Qué estás haciendo, amigo? Oye, ¿cuándo vamos a marcar? Necesito anotar. Necesito dinero, dinero, dinero”.
Medivil Tamayo le respondió: “Bueno amigo, es solo una cuestión de cuándo tener el auto para revisarlo. Verifica al conductor... Envía la información primero para asegurarnos que vale la pena hacer el clavo (esconder la droga). ¿Sabes a lo que me refiero?”.
Foto: Departamento de Justicia
El Departamento de Justicia afirma que esta organización usaba los autos de los propios estudiantes para ocultar la droga. ‘El Clavo’, como le dicen al compartimento donde esconden la mercancía, era colocado en algún lugar de Tijuana.
En una de las comunicaciones espiadas por el gobierno, el jefe de la banda le dijo a una persona cómo lograba pasar con éxito la droga a California. Le aseguró que “limpian” el exterior del vehículo dos veces y ponían los narcóticos en un lugar desinfectado.
El coche, le explicó, era desinfectado otra vez entre 30 minutos y una hora antes de colocar los narcóticos y luego volvía a limpiarlo antes de salir. Con eso, afirmó el joven traficante, los perros antinarcóticos de los agentes aduanales “nunca” habían detectado su mercancía.
Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)
Antes de contratar a los transportistas, el grupo criminal los revisaba minuciosamente.
Los reclutadores debían responder a una serie de preguntas: cuántos años tiene la ‘mula’, para qué cruza hacia California, con quién pasa, por qué garita lo hace, en qué escuela estudia, si es mexicano o ciudadano estadounidense y si tenía permiso para usar el carril Sentri, que solo pueden usar personas seleccionadas por el gobierno y cuyo fin es agilizar su entrada al país.
También examinaban en qué automóvil pasaban la frontera, las placas del coche, quién lo manejaría (en ocasiones, ellos eran cruzados por sus padres) y en dónde se haría la entrega de la mercancía.
Solo al marcar estas interrogantes determinaban si tomaban el riesgo con un nuevo recluta.
Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)
Parte del proceso de selección incluía recibir fotos de identificaciones de los estudiantes, como pasaportes estadounidenses, identificaciones de California y visas de turista.
“Ok”, respondió Medivil Tamayo el 13 de mayo de 2019, cuando recibió la imagen de una visa de un menor mexicano nacido en el año 2003. Entonces tenía 16 años.
Mientras verificaban la información de un estudiante, esta célula de traficantes discutió sobre cómo este recluta llegó con más compañeros dispuestos a cruzar los narcóticos. “En lugar de cruzar, se vino con algunos muchachos para cruzar... tienen mochilas y peatones (podían pasar a pie por la garita)”.
Las imágenes de las identificaciones fueron presentadas como evidencia de que sabían perfectamente que estaban contratando a menores de edad. Uno de los transportistas tenía 15 años y otro 17.
Foto: Departamento de Justicia
La noche del 1 de abril de 2019 varios transportistas pasaron droga por los puntos de control y se dirigían hacia Los Ángeles. Ese día la DEA descubrió que la banda estaba atenta a la entrega.
Pasó cuando Alberto Montes, uno de los reclutadores, le escribió por Snapchat que casi le daba un infarto en la revisión aduanal temiendo que lo descubrieran.
Luego le indicó que el transportista, un menor, le había dicho que casi llegaba a Downey, una ciudad del condado de Los Ángeles; sin embargo, la ubicación de su celular revelaba que estaba en Carslbad. Es decir, al joven aún le faltaban 78 millas de camino.
Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)
En un memorando de la Fiscalía federal se describen algunas de las comunicaciones interceptadas por los agentes de la DEA. En una de ellas hablaron sobre cómo usaban a los estudiantes, siempre tratando de que los agentes aduanales pensaran que se dirigían a la escuela en San Diego.
“Ya hablé con el tipo que tiene su propio auto, amigo. Quiere hacerlo el sábado porque tiene una ‘mochila’. Le dije que quería ver el auto. Y bueno, podemos lanzarlo allí si quieres. Él es Sentri (tiene una tarjeta especial para cruzar pronto la frontera)”, dijo uno de los reclutadores en un audio enviado por Snapchat.
Esta fue la respuesta del líder de la organización: “De cualquier manera, le daré (mercancía) al tipo que depende de ti. (Bosteza). Solo quiero que se haga algo, así que cualquier ganancia que haya, es una victoria para mí”.
Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)
Medivil Tamayo fue sentenciado este lunes en un tribunal federal de San Diego a siete años de prisión y a pagar una multa de 50,000 dólares.
En la audiencia de sentencia, la jueza federal Cynthia Bashant señaló que él “no solo estaba destruyendo vidas con las drogas traídas, sino que estaba destruyendo vidas al involucrar a otros jóvenes".
Este narcotraficante de Tijuana se declaró culpable en agosto de 2020 de conspiración para importar y distribuir sustancias controladas.
John W. Callery, director de la oficina de la DEA en San Diego, señaló: "los cárteles de la droga harán cualquier cosa para introducir drogas en los Estados Unidos para que puedan hacer dinero con su sangre, incluso poner a nuestros hijos en peligro".
Otros siete cómplices de Medivil Tamayo ya han sido sentenciados por delitos de narcotráfico.
Foto: Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP)